miércoles, 28 de agosto de 2013

Punto final de la provincia en el valle del Esgueva

TROTA- TÓRTOLES DE ESGUEVA

Punto final de la provincia en el valle del Esgueva

MIGUEL Á. DE LA CRUZ / Lerma

Tórtoles de Esgueva es el último pueblo de Burgos en el valle del Esgueva. Como la mayoría de las poblaciones de éste, se asienta en la ladera de una suave colina. La zona, rica en acuíferos, hace que numerosos manantiales fluyan a la superficie, donde sus habitantes se dedican básicamente a la agricultura: en el páramo, cereal y en la vega cultivos de regadío.

El pueblo está enclavado en la llamada ‘Escuela del Esgueva’ basada en un románico con características propias de este valle. La iglesia de la localidad, bajo la advocación de San Esteban Protomártir y de grandes proporciones, tiene el aspecto de una fortaleza, pues no en vano se construyó aprovechando una torre fortificada. En su interior son también de interés su  retablo renacentista del siglo XVI y la pila bautismal románica, del XI.

En la parte más alta se encuentra además, el monasterio de Santa María la Real, rodeado de copiosas fuentes que servían para regar sus huertas. En la actualidad, no tiene uso religioso pues las últimas monjas que lo habitaron se trasladaron a Aranda no hace muchos años. Sin embargo se mantiene el bello núcleo del edificio monacal, originario del siglo XII y con sucesivas ampliaciones, el cual está compuesto por la iglesia, la Capilla de los Fundadores y la Sala Capitular, todas ellas distribuidas alrededor del claustro. En este momento alberga en su interior un establecimiento hotelero -’Posada Rural Monasterio Tórtoles de Esgueva’-, una fábrica de quesos artesanos y una residencia de ancianos.

El devenir de Tórtoles ha estado ligado a la abadía durante siglos, ya que ésta poseía señorío jurisdiccional sobre la villa. Como en otras muchas poblaciones de la cuenca del Duero, los desastres de las guerras, los saqueos de tropas, la peste y la hambruna hicieron que la gente buscara protección en jurisdicciones de algún monasterio, creándose así el rango de abadengo entre la población y el cenobio.

Tórtoles está ligado a una leyenda que teatralizan cada mes de agosto los lugareños. Según cuenta ésta, la efímera reina Juana I de Castilla -conocida como Juana la Loca-, en su vagar por tierras de Castilla con el cuerpo de su marido fallecido Felipe el Hermoso desde Burgos hasta Tordesillas-, pernoctó en la villa donde vino su padre Fernando el Católico a entrevistarse con ella, quien al verla en su desvarío amoroso, lloró amargamente.

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